Las “tres culturas” (III). La música en los Reinos Cristianos (II). Siglos VII- XV

Hoy, finalmente, os dejamos esta entrada sobre la música en los reinos cristianos desde el siglo VIII al XV. Comenzaremos con el canto gregoriano como principal representante de la música religiosa. Este, que aunque tiene sus raíces a finales del siglo VI, cuando el Papa San Gregorio (590-604) intentó unificar la liturgia cristiana con la unión de la siriaca y la griega, llegará al norte de la península en torno al IX y X.

Así, fue a fines del siglo XI cuando el rito mozárabe fue suprimido por el rey Alfonso VI para imponer en su lugar el romano que estaba siendo utilizado en el resto de la Europa cristiana, todo esto coincidiendo con la entrada de los monjes cluniacenses en la península los cuales impusieron esta reforma en sus monasterios provocando la adopción del canto gregoriano el cual pasó a ser cantando en grandes catedrales y monasterios.  Esta tradición musical continuó con los monjes del Cister, convirtiéndose durante siglos en expresión de la liturgia oficial de la Iglesia.

Este canto también se denomina canto llano, y es resultado de la confluencia de la música greco-romana y la judía, ya que el cristianismo toma muchos elementos de estas tres culturas. En cuanto a sus elementos formales, se caracteriza por ser monódico, en latín, sin contar con acompañamiento instrumental. Únicamente era interpretado por hombres y su métrica era libre, pero siempre determinada por el texto. El repertorio del canto gregoriano está pensado básicamente sobre un texto, es por tanto que se considere como “una palabra cantada”.

En términos compositivos, emplea recursos familiares a la composición moderna como paralelismo melódico-rítmico, repeticiones, variaciones (de transporte o intervalos), imitaciones, progresiones, rima melódica (terminación de las cadencias con fórmulas o grupos neumáticos semejantes), incluso mimetismo melódico cuando se da coincidencia de texto. Además, tiene numerosas y variadas fórmulas melódicas que tienen relación directa con el texto, las cuales dependerán del mismo.  En relación con su melodía, tenía unas ocho escalas, que son modos eclesiásticos derivados de los griegos.

El canto gregoriano se recogía básicamente en una serie de libros: el Gradual, el Antifonario y el Responsorial, dónde se pueden observar los distintos géneros como los salmos, divididos en versículos y que eran los más antiguos, las antífonas, intercaladas entre los versículos de los salmos o al principio y al final de los mismos, los responsorios, melodías melismáticas llevadas a cabo por solistas, los himnos, cantos estróficos sencillos y por último los tropos y secuencias, que eran unos añadidos tanto melódicos como textuales y que se corresponden a la decadencia del canto gregoriano.

Según la agrupación de los cantores este tipo de canto podía ser: Antifonal, con dos coros de monjes alternaban el canto, Responsorial: coro y solista alternan el canto, Directa, donde no había alternancia, y siempre canta un coro o un solista. Según la relación de texto y notas encontramos el Silábico: a cada nota le corresponde generalmente una sílaba del texto, el Neumático: dos a tres notas por cada sílaba de texto y por último el Melismático, que era el más adornado, tenía muchas notas para una sílaba de texto.  Los adornos finales del gregoriano, coincidiendo con los siglos IX y XII, se realizan gracias a que la Iglesia permite el uso de diferentes técnicas que podían embellecer en cierto modo el canto gregoriano. Dentro de todo este contexto destaca que comenzaron los inicios del Pentagrama.

Ya desde el canto melismático anteriormente explicado, se puede deducir cierto origen de la polifonía, es decir, un canto a varias voces, independientes pero vinculadas armónicamente. Esta comenzó con el “Ars antiqua” a partir del siglo IX, pero sobre todo después del XI es cuando tendrá verdadera importancia. El surgimiento del Ars antiqua coincide con una época prospera culturalmente. Con la construcción de la Catedral de Notre Dame, se creará una escuela musical que acogerá a los mejores músicos del momento y donde se desarrollará esta polifonía. Destacan como figuras importantes Leonin y Perotin.

Las formas de composición más importantes son: El Organum: que aunque había existido en el periodo anterior, las voces son mucho más libres, sin tener que respetarse el paralelismo del organum primitivo.  Aquí, en la obra de Perotin “Sederunt Principes” podéis observar esto.

El Motete, cuya base en cambio no es gregoriana, es una forma polifónica que consta de dos o tres voces, cada una de la cuales canta un texto distinto y tiene también un ritmo diferentes. Y el Conductus, donde la voz principal ya no es extraida del canto gregoriano, sino que la crea el autor, y sobre ella su polifonía

El “Ars Nova”, cuyo nombre viene dado por Philippe de Vitry, quien tituló así un tratado musical en el que se establecían las nuevas pautas para escribir música. Este estilo surge en el siglo XIV, y en él la polifonía medieval alcanza su máxima perfección. Entre las formas más importantes se encuentra nuevamente el Motete, que sigue desarrollándose hasta llegar al punto en que cada voz puede tener un texto distinto, y el Canon, composición contrapuntística en la que todas las voces cantan la misma melodía pero realizan su entrada de forma progresiva. Con estas nuevas teorías musicales hubo una especie de pugna entre los músicos más conservadores y los adeptos a un nuevo cambio musical proporcionado por el desarrollo de la polifonía.

De la polifonía primitiva destaca en la Península el Códice Calixtino o Liber Sancti Jacobi, de la catedral de Santiago, que es una guía de peregrinación que contiene veintiún cantos a dos voces y uno a tres voces. También es el Manuscrito del monasterio de las Huelgas (Burgos), de los siglos Xlll y XIV que es una antología ya de transición hacia el “Ars nova”, con unos 200 cantos, algunos ya polifónicos.

Con respecto a la música mundana destaca la Trovadoresca, que son esencialmente escuelas de música popular conocidas con dicho nombre desde fines del siglo XI, de los que no se sabe demasiado sobre su naturaleza. Varias fuentes, como El Libro del Buen Amor, del arcipestre de Hita (S.XVI) se muestran evidencias de las tareas de estos cantores profanos y de algunos de los instrumentos que estos usaban.  Así, la Música profana de la edad media se desarrolla en cierto modo a la sombra de la religiosa, asumiendo algunas formas o estructuras musicales de esta, pero introduciendo poesía mundana. Lo que destaca de esta música son una serie de personas que la cultivaron y difundieron por Europa.

Los trovadores, son poetas de los siglos XII Y XIII que comenzaron a surgir en la zona de la Provenza en el sur de Francia. Destaca Guilhem IX, Conde de Poitiers (1087 – 1127), como iniciador de dicho movimiento, el cual se trasladó a ciertos sectores de la nobleza francesa, además de plebeyos.  En dicho movimiento primaba la poesía y la música al servicio del amor caballeresco. Así, se extendió primero hacia el norte de Francia en torno a los siglos XII y XIII con representantes como Blondel de Nesles y Gace Brulé.

Algunas otras figuras destacables eran los Goliardos, estudiantes vagabundos o eclesiásticos jóvenes, tenían una serie de poemas latinos de los siglos X al XIII, escritos por ellos, y los Juglares, que pertenecían al pueblo y eran artistas con muchas facetas, que iban itinerando por distintas ciudades expandiendo de ese modo su música, que básicamente eran las compuestas por los trovadores, como modo de entretener al pueblo. Estos últimos fueron muy criticados por la nobleza e iglesia. Los Minnensigers son la prueba de que muchos de estos juglares se convirtieron en artistas importantes. Estos eran músicos y poetas alemanes que inspirados por los Trovadores del sur de Francia, se convirtieron en los máximos representantes de la música alemana de la Edad Media. Otras de las figuras que se pueden asociar a la música profana medieval son los Ministriles, una especie de bufones que eran generalmente vagabundos que interpretaban alguna que otra canción de gesta.

La música profana de esta época era por tanto esencialmente monódica y teóricamente sin acompañamiento musical, aunque lo más seguro es que si lo tuviesen tal y como atestiguan documentos e iconografía como las propias Cantigas de Santa María. La música instrumental quizás no haya sido puesta por escrito puesto que no cambiaría demasiado de la melodía vocal, pudiendo ir en paralelo o interludiando. Las características musicales son: silabismo, con melismas ocasionales, ritmo libre o de acuerdo con el texto, música modal y con abundantes fórmulas repetitivitas.  En general se podría definir este tipo de música como textura monódica con acompañamiento instrumental, basándose en modos gregorianos pero con un ritmo más marcado ya que muchas de sus obras son rápidas y alegres

En la península destaca sobre todo las Cantigas de Alfonso X el Sabio (1252- 1284), que básicamente tiene temática religiosa mariana, narrativas y de alabanza y con forma estrófica.  Gran tesoro musical del siglo XIII, contempla unas 417 cantigas escritas en tres códices con notación mensural y muchas con una estructura en la que se alterna una voz solista del narrador con un coro o estribillo (estructura de rondó). En sus miniaturas de las “Cantigas” se obtiene una gran fuente para poder conocer la música en la Edad Media.

Además, existiría un tipo de música a medio camino entre música profana y litúrgica, como unos cantos religiosos usados de forma independiente a los oficios litúrgicos. De estos destacan igualmente los dedicados al Apóstol Santiago y a la Virgen de Monserrat, compuestos por peregrinos y que presentan una gran fuente de documentación.  El Llibre Vermell, documento que se conserva por una copia del siglo XIV, incluye cantos monofónicos y algunos destinados a Monserrat, donde parecen combinarse lo religioso con unas danzas litúrgicas, para ser cantadas en la iglesia, por lo que se observa esa mezcla con lo popular.

Por último destacar el uso de la música en el teatro medieval, basado esencialmente en diálogos litúrgicos. Destaca el Canto de la Sibila, del monasterio de Ripoll, donde en sus últimas agregaciones se encuentran elementos polifónicos.

Con respecto a los instrumentos musicales destacan algunos que tendrán su origen en la Antigüedad y otros vendrán de Oriente, introducidos a raíz de las cruzadas. Vamos a citar algunos de los más importantes.  Laúd, vihuela, guitarra, órgano y clave, algunos de ellos ya desarrollados en entradas específicas de este blog, son algunos de los más destacados.

Fuentes:

http://civycultura.denison.edu/musica/01medieval/intro.html

http://es.slideshare.net/WilfredoFlores/resumen-historia-i-35403580

http://musicaedadmedia.webnode.es/la-polifonia/ars-antiqua/

Chachoo, Amín (2001). La Música Andalusí. Almuzara.

Alejandra

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